DE LOS ESTRAGOS DE LA MEMORIA

por | junio 21, 2019

Lectura de 1 min | 12 lecturas

Un muerto no es una entelequia,
no es la esquina a punto de doblarse
ni el navío escondido en la garganta de un río que se drena.

Un muerto no es la definición de la muerte
ni la costra de la vida,
sea como sea que haya sido vivida.

No es la demostración del cielo en la tierra
ni del infierno en la reposera de la memoria
y no es la tumba visitada
ni sus flores, ni las palabras que dijimos ese día y otros.

Un muerto no es el despliegue de los homenajes
ni el mar calmo en un día austral sin viento
yo no lo se…
yo remuelco a mis muertos uno a uno
alojados en mi verbo,
tensos en mi mandíbula cuando los callo.

Tengo una patagonia llena de ellos,
algunos con nombre, otros sin espina
los llevo mas allá de la linea del ecuador cuando me marcho
y los entierro en el mar
y ahí les planto un rezo submarino
y como no digo palabra alguna ellos me confían el oxigeno
que luego uso para volver al sur
caminar, amar.

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