EL ACEITE EN LA BOLSA

por | junio 1, 2019

Lectura de 2 min | 29 lecturas

– ¿Ya esta listo el almuerzo? – Pregunta Jorge.

– si, todo listo- contesta Marcela, secándose las manos.

– ¡Excelente!- Le devuelve Jorge, satisfecho de logrado. Las parejas jovenes siempre tienen problemas para hacerse cargo de una casa, pero no ellos.  Sonríe,

– Oye, igual quedo harto aceite…¿que podemos hacer?- reflexiona Marcela mirando el sartén; efectivamente quedo una cantidad importante de aceite, y ya terminaron de cocinar.

-hum… tal vez podríamos guardarlo, para usarlo más adelante- dice Jorge, aunque no esta tan seguro de si funcionaría. -Te tinca?

-Yapo, demosle!- dice Marcela con renovado entusiamo. -busquemos donde guardarlo.

Después de un rato vuelve Jorge a la cocina con una bolsa negra en la mano, de esas que dan en las ferias cuando compras tomate. -Listo!- dice, mientras camina hacia Marcela, quien ya tiene el sartén en la mano.

-ten cuidado cuando lo voltees, que todavía esta caliente- advierte Jorge, considerando que es él quien está sujetando la bolsa y definitivamente no quiere salir quemado en la operación. -Tranqui, esta todo frúamente calculado- le responde ella con una sonrisa de complicidad y se dispone a voltear el aceite caliente en la bolsa de plástico.

En un segundo la sonrisa, la complicidad y el orgullo de ser independientes se van al suelo, junto con el chorro de aceite, que atraviesa triunfal y sin mirar atrás la cuasi transparente bolsa de plástico.  La estupefacción es evidente en la cara de ambos, que no aciertan a entender que es lo que acaba de ocurrir; su tan lógico y bien pensado plan de guardar aceite en una bolsa para usos posteriores fracasó estrepitosamente casi quemándolos en el proceso, y los dejó con el suelo lleno de aceite y una bolsa destruída que vio mejores días.

La sorpresa inicial da paso a la risa; sólo ahora el sentido común les cae encima como una muralla de concreto y entienden lo absurdo de su plan.  Aún hoy, después de este estrepitoso fallo, Jorge y Marcela siguen estando orgullosos de hacerse cargo de una casa ellos solos.

Y sonríen.

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